Motivando a los líderes
Uno de los momentos más motivadores en el año para líderes y supervisores de nuestra iglesia es cuando realizamos nuestra Conferencia sobre Crecimiento de la Iglesia. Esta es una actividad que realizamos una vez por año y está dirigida a líderes y supervisores. Durante una semana se suspenden los servicios regulares y todos los días se reciben en la iglesia solamente a los líderes de células.
El asistir a la Conferencia es de por sí, un privilegio reservado solamente para los líderes y supervisores. Los contenidos que se desarrollan son todos relacionados con el trabajo celular. Se retoman temas, se reafirma la visión, se repasan principios, se reafirman metas, se da instrucción y ayuda. La Conferencia tiene un carácter motivacional y al final de la misma los líderes se sienten fuertemente animados.
Llevamos varios años realizando esta Conferencia y desde su primer año fue muy beneficiosa y recibida con gran interés. Muchas cosas que se dan por sentadas, sucede que a veces los líderes no las manejan. La Conferencia otorga la oportunidad para uniformar el conocimiento y la capacitación.
El año pasado culminamos nuestra Conferencia con una reunión en el estadio de la ciudad adonde solamente asistieron líderes y supervisores. Nos encontrábamos celebrando nuestros 25 años de trabajo celular. Se entregaron medallas a los líderes que han perseverado en el trabajo durante todo ese tiempo. Fue un gran momento que provocó mucha motivación y comunión.
Sinceridad y perseverancia
Recientemente terminamos nuestra evaluación del trabajo celular del año pasado. Tuvimos resultados positivos en todos los aspectos, pero no alcanzamos todas las metas que nos habíamos propuesto.
El no haber alcanzado las metas es algo conocido por toda la iglesia, sobre todo, por aquellos involucrados en el trabajo celular. El dar a conocer que algunas metas no fueron alcanzadas, sirve para reflexionar sobre lo que no se hizo o sobre lo que se hizo mal.
Las evaluaciones nos permiten corregir el rumbo, enfocarnos más y proponernos metas nuevas. Pero, nunca ha existido ni la mínima mención de que debamos abandonar el trabajo con células. Por el contrario, cada vez se reafirma mucho más la visión celular. En los peores momentos lo que existe es una resolución por hacer todavía un mejor trabajo.
Así, se comparten las limitaciones pero no se pierde la inspiración para seguir perseverando. No hay porque ocultar que las cosas no siempre son ideales, pero nunca se debe perder el modelo de la iglesia del Nuevo Testamento.
La palabra de Dios como sostén de la visión
La visión tiene la capacidad de capturar a las personas. La visión es siempre desafiante, emocionante e inspiradora. Pero, por mucho que una visión atraiga la fuerza de las personas, con el tiempo, se vuelve una rutina. Lo extraordinario para muchos se vuelve para quienes lo viven en ordinario.
Bajo tales condiciones, lo único que es capaz de sostener la visión es la Palabra de Dios. Ella es el alimento espiritual que sostiene a los cristianos en pos de sus ideales. Las emociones humanas son siempre variables. Precisamente las emociones son tales porque varían de un día a otro. Pero, para una visión se necesita un esfuerzo sostenido que se extiende por encima de los estados anímicos.
Eso solamente lo puede lograr la Palabra de Dios. Esa es la diferencia entre aquellos que tuvieron grandes visiones y luego las perdieron, y aquellos que las tienen y las sostienen hasta cumplirlas. No basta, entonces, con ser un gran visionario, se necesita ser también un conocedor de la Palabra de Dios.
La diferencia entre una visión que se marchita y otra que se hace realidad es la capacidad del hombre de Dios para alimentarla con la Palabra de Dios. Las personas no pueden vivir solamente de emociones, necesitan ser alimentados con la enseñanza constante de la Biblia.
La visión de una gran iglesia
El pastor David Cho había iniciado una iglesia que había alcanzado sus primeros 18,000 miembros. Corea comenzaba a levantarse de las cenizas de la guerra y la ciudad comenzaba a ser reconstruida. A pesar que el pastor Cho tenía ya una iglesia numerosa en un edificio prefabricado que le había sido donado por misioneros estadounidenses, él tenía una visión de futuro.
Decidió trasladar la iglesia a la isla de Yoido, en ese tiempo sin ningún puente. Durante la guerra, Yoido había sido un aeropuerto utilizado por el ejército estadounidense pero, ya para entonces, abandonado.
La isla no tenían ningún atractivo al punto que se la ofrecieron toda en venta. No obstante, Cho no tenía el dinero suficiente y solamente compró una sección que es la que posee hasta el presente. Cho pudo visualizar que la isla se convertiría en el futuro en el centro de la ciudad. Al comprar la propiedad, muy pocas personas de su congregación creyeron en tal visión. La prueba quedo plasmada en las fotografías que se tomaron durante el culto de dedicación de la nueva propiedad: no había más de 150 personas.
No obstante, Cho no dudó en entregar la iglesia de 18,000 miembros y comenzar una nueva en la isla de Yoido. Allí, edificó la iglesia documentada más grande del cristianismo. Personas claves confiaron en su liderazgo y en su visión. Un hombre con una visión siempre llega muy lejos.
En la actualidad, nadie que vaya a Seúl pude pasar desapercibida la iglesia de Cho. El Congreso de la república se encuentra a una calle y del otro lado del río Ham son dos las estructuras que sobresalen: la cúpula del Congreso y la cúpula de la iglesia. Esa fue la visión para Cho. La nuestra será diferente. La verdadera clave es tener una. Entonces, las ovejas nos seguirán.
Las células como estilo de vida
Para los primeros cristianos el reunirse en las casas no era un programa religioso que se añadía a sus actividades diarias. Para ellos, las reuniones en las casas eran la vida cristiana. No podían concebir el ser cristiano desligado de las reuniones en las casas.
Cuando la cultura del trabajo celular penetra en las personas, no ven más a las células como un programa sino como un estilo de vida. El estilo de vida de los cristianos. Consecuentemente, no era para ellos una carga o algo que pudiese suspenderse por motivos diversos. De la misma manera que no podemos suspender el ser cristianos y el depender de Dios.
Por el contrario, la vivencia de la fe se hace mucho más profunda en momento de reuniones anuales de la familia, en medio de la enfermedad, en las vacaciones o en medio de los desastres naturales. Cuando la fe se aviva se incrementa la pasión por reunirse en las casas.
Solamente cuando el trabajo celular es algo periférico a nuestras vidas o cuando no lo hemos integrado como nuestro estilo de vida cristiano, lo vemos como algo de lo cual podemos prescindir o ausentarnos. En la medida que hagamos nuestra la vida de la iglesia del Nuevo Testamento, las reuniones en casas se convertirán en una necesidad para vivir.






