¿Adónde está la iglesia?
Escribo este blog en el aeropuerto de Panamá en donde debo esperar unas horas antes de mi vuelo a Brasil. Al salir de El Salvador llegué al aeropuerto y el policía que estaba en la puerta de la terminal aérea me saludó dándome la mano. Era un hombre joven y sonriente que me saludó como si yo le conociera desde hacía mucho. Lo cierto es que no lo había visto antes.
Al ingresar al área de migración, los dos agentes que revisan los pasaportes también me saludaron preguntándome adonde iba a predicar esta vez. Cuando finalmente ingresé para buscar mi puerta de abordaje otro señor de edad avanzada me dio la mano y me saludo deseándome un buen viaje.
Ya estaba en la sala de espera cuando otro hermano ingresó para saludarme, aunque él no abordaría mi vuelo. Al llegar a Panamá, caminaba buscando mi puerta de conexión cuando otro hombre me dijo: “Leí su artículo en el periódico y está muy bueno. Buen viaje.” ¡Por Dios! ¿Hasta dónde llega está iglesia? ¿Qué otras sorpresas me aguardarán en el camino?
La iglesia se encuentra en todo lugar. Se encuentra en cada una de las más de 7,000 células que tenemos en la actualidad y se encuentra en el edificio que usamos en San Salvador. La iglesia se encuentra en las células cuando se reúne los días sábados en las casas. La iglesia también se encuentra en el edificio cuando nos reunimos para las celebraciones.
Ambas reuniones son importantes. En una, los miembros ejercen su trabajo evangelizador. En la otra, los miembros asisten para ser edificados y animados. Evangelismo, comunión, edificación son los grandes componentes de nuestra iglesia con dos alas: la reunión de célula y la reunión de celebración.
Cuando la iglesia se reúne para la celebración presenta un cuadro impresionante, miles en un solo propósito. Cuando la iglesia se reúne en las células se encuentra en toda la ciudad. En cada barrio, en cada calle. Ejerce su influencia alcanzando a otros. Muy pocos pueden escapar de esta red tan extensa. Creo que por ello es que yo también me veo atrapado en esta red que se extiende por todo sitio
La parábola de la iglesia de dos alas
En un manual de un curso celular impartido por el Dr. Ralph Neighbour se encuentra la parábola de la iglesia de dos alas que ilustra la importancia de un equilibrio entre la celebración y la reunión de célula:
“Una vez fue creada una iglesia con dos alas, con las cuales, podía volar alto hasta la presencia de Dios. Un día la serpiente, que no tenía alas, retó a la iglesia a volar solamente con una ala, con la de la reunión grande. Con mucho esfuerzo la iglesia logró volar y la serpiente le aplaudió fuertemente. Con tal experiencia la iglesia se convenció que podía volar muy bien con solo un ala.”
“Dios, el creador de la iglesia, estaba muy triste. La iglesia con solo un ala apenas podía elevarse sobre la tierra y solo volaba en círculos sin poder avanzar de su punto de origen. La iglesia se acomodó y comenzó a ganar peso y volverse perezosa, contenta con una vida puramente terrena.”
“Finalmente, el creador formó una nueva iglesia con sus dos alas. Una vez más Dios tenía una iglesia que podía volar hasta su presencia y cantar sobre toda la tierra cumpliendo sus propósitos.” Quien tenga oídos que oiga.
Factores para fijar metas
Las metas deben ser tan altas como para ser un verdadero desafío y tan alcanzables como para ser una verdadera gratificación. El balance entre desafío y gratificación varía de acuerdo a las condiciones particulares de las iglesias.
Cuando la iglesia Elim hizo su transición al modelo celular era ya una iglesia vigorosa que había alcanzado sus primeros tres mil miembros. Eso le permitía contar con una cantidad importante de personas decididas a asumir la tarea de líderes de células. Eso permitió que las metas, al principio, fueran muy agresivas. Se buscaba alcanzar el cien por ciento de crecimiento cada tres meses.
Esa meta suena a presunción, pero no olvidaré el trimestre de enero a marzo de 1989 cuando el crecimiento fue del 120%. El índice de crecimiento era vertiginoso, pero ello respondía al momento que Elim vivía y al momento que El Salvador vivía en los años más duros de la guerra civil.
Posteriormente, la meta se cambió para alcanzar el 100% en un año. Todavía esa meta suena bastante ambiciosa; pero, era factible de acuerdo a las condiciones de la época. En la actualidad, nuestras iglesias tienen bastante libertad de fijar sus propias metas, de acuerdo a sus condiciones. Pero, para efectos de evaluación, el avance de las iglesias es medido con un mismo parámetro.
La lección de todo esto es que las metas deben ir acondicionándose de acuerdo a las características de cada ciudad e iglesia. Pero, deben ser al mismo tiempo un desafío como una gratificación cada vez que sean alcanzadas.
¿CÓMO FIJAR METAS?
Las metas no deben estar escritas en piedra. Deben estar escritas en papel y con lápiz. Y el pastor debe tener un borrador en su mano. Eso con el propósito que puedan modificarse de acuerdo a las particularidades y momentos de las iglesias.
Una iglesia pequeña puede establecer metas más altas que una iglesia numerosa. ¿Por qué? Es sencillo. Si una iglesia solamente tiene dos células y en el año abre una más habrá alcanzado el 50% de avance. Pero si se trata de una iglesia de 500 células es improbable que en un año pueda abrir 250 células más que es el equivalente a su 50%. Por eso, cuando una iglesia inicia su trabajo celular puede colocar metas más agresivas. Pero, en la medida que las células se multiplican tendrá que ir ajustando sus metas de manera cada vez más conservadora.
Otro factor es si se trata de una iglesia que hace su transición para convertirse en celular o no. En caso que está haciendo su transición, la iglesia contará con cristianos maduros que fácilmente podrá capacitar como nuevos líderes. Eso incrementa su capacidad de multiplicación celular y, consecuentemente, sus metas serán mayores que el caso de una iglesia que fue ya plantada como celular.
En fin, existen distintas condiciones que se deben tener en cuenta cuando se fijan las metas que se perseguirán. No te preocupes por copiar una meta de otra iglesia. Lo importante es que tengas una meta, cualquiera que sea. El poseer una meta incrementa las posibilidades de que tus líderes la alcancen. Ten una meta, pero de acuerdo a tus condiciones particulares.
Formando nuevos líderes desde las células
Dadas las condiciones de evangelización en El Salvador y la dinámica que las iglesias tienen, consideramos que un creyente puede llegar a ser un líder de célula después de seis meses de conversión. Por esa razón, nuestro curso de entrenamiento tiene una duración de veintiséis semanas, es decir, seis meses.
Cuando una persona nace de nuevo, inmediatamente es enviada a una célula. Esto en el caso que la conversión se haya producido en la celebración, pero si se produjo en la célula misma, la persona permanece en ella. A la semana siguiente a su conversión comienza con la primera lección de la Ruta del Líder.
La primera lección es relacionada con el tema de la salvación. Se le explica qué ha ocurrido en su vida ahora que ha creído en Jesús. Así, de la mano, se le lleva por trece lecciones aprendiendo de los elementos básicos de la fe. A partir de la lección catorce, comienza a relacionarse con la definición de célula. De nuevo, se le conduce por cada uno de los temas hasta que culmina el curso completo de entrenamiento.
Pero, el curso es solamente el aspecto teórico de la formación. Paralelo a ello, el nuevo creyente ha permanecido inmerso en el ambiente de las células. Desde su misma conversión ha sido parte de una célula y, muy probablemente, antes de su conversión cuando asistía como invitado. Todo ello, le relaciona con los aspectos prácticos del trabajo celular y con la vida en pequeñas comunidades que este ambiente ofrece.
Combinando el aspecto teórico con el práctico se produce una formación continua de nuevos líderes. Esto es muy importante pues solamente la multiplicación de líderes produce la multiplicación de células.






