Lección de célula de adultos para sábado 22 de mayo

Sábado 22 de mayo de 2021

La fidelidad de Dios en los desiertos

LECTURA: Deuteronomio 2:7 NVI

7 Bien saben que el Señor su Dios los ha bendecido en todo lo que han emprendido, y los ha cuidado por todo este inmenso desierto. Durante estos cuarenta años, el Señor su Dios ha estado con ustedes y no les ha faltado nada.

VERDAD CENTRAL: Solo la fidelidad del Señor es la que nos sustenta en tiempos de prueba.

INTRODUCCIÓN

Como lo hemos mencionado en la lección anterior, el pueblo de Israel fue conducido por Dios y guiado por Moisés al desierto antes de entrar en la tierra prometida. Es en el desierto donde nosotros también experimentamos las pruebas y tentaciones más fuertes de la vida. Dios desarrolla su obra en nosotros en la soledad, con valiosas lecciones que solo pueden aprenderse satisfactoriamente allí. El desierto es esa área de soledad, fuera de nuestra zona de confort, un lugar donde se viven momentos de incertidumbre, debilidad física, enfermedad, y vulnerabilidad. Allí se viven momentos de gran estrés, cuando los mecanismos que hemos usado para resolver situaciones difíciles no funcionan; momentos en los que nos damos cuenta de que no podemos confiar en nuestros propios recursos o habilidades para sentirnos seguros, satisfechos, y con propósito. A pesar de que estas verdades acerca del desierto tienen como finalidad labrar nuestro ser interior, es también en el desierto donde podemos ver y experimentar la fidelidad del Señor en medio de la escasez y la necesidad.

CUERPO:

1- Una lección bien aprendida. El versículo 7 comienza con un énfasis muy pronunciado «bien saben…». La frase encierra un proceso de aprendizaje continuo que ha conducido a Israel a una conclusión que no deja ninguna duda: «…el Señor su Dios los ha bendecido». La superación de los obstáculos que Israel tuvo que enfrentar fue posible por la mediación del Señor en medio de las circunstancias difíciles. Israel necesitó cuarenta años para comprender que solo el amor compasivo del Señor los pudo sostener en ese tiempo, esto muy a pesar de las múltiples infidelidades, obstinaciones y necedades del pueblo para con Dios y Moisés. Una de las lecciones que debemos concluir al finalizar un desierto en nuestra vida es que el acompañamiento del Señor en ese proceso de maduración nos permitió reconocer su sostén a lo largo del proceso. Si hemos superado alguna prueba difícil no es por nuestra capacidad o pericia, sino tan solo porque Dios ha sido fiel a su palabra. Está debe ser una lección bien aprendida en los momentos críticos que nos corresponda enfrentar.

2- Los cuidados del Señor en los inmensos desiertos. En el capítulo ocho y versículos quince y dieciséis del libro de Deuteronomio se hace una descripción del peligroso desierto que atravesó Israel: «El Señor te guió a través del vasto y horrible desierto, esa tierra reseca y sedienta, llena de serpientes venenosas y escorpiones; te dio el agua que hizo brotar de la más dura roca; en el desierto te alimentó con maná, comida que jamás conocieron tus antepasados». Así como el desierto real de Israel tuvo sus peligros y necesidades y Dios pudo cuidarlos y suplirles todo lo que les hizo falta, también el Señor nos garantiza sus cuidados y su provisión para que la prueba no nos destruya, sino que nos fortalezca y capacite en nuestra dependencia de él. Siendo que el Señor no busca destruirnos en los desiertos sino moldearnos para poder recibir el cumplimiento de sus promesas, él también nos proveerá de lo necesario para poder hacerle frente a las dificultades y así depender absolutamente de él. Confiemos en los cuidados amorosos del Señor.

3- Todas las necesidades suplidas. Una de las primeras sensaciones que se percibe al encontrarnos en el desierto es la falta de recursos. La soledad envuelve como un manto. Dentro de los cuidados fieles del Señor, Dios recuerda a su pueblo «no les ha faltado nada». Por extraño que parezca fue en el desierto donde Dios más proveyó a su pueblo: el agua en medio de la sequía, el maná en medio de la aridez, una nube que simbolizaba la cobertura de Dios sobre su pueblo y que los protegía del incandescente sol durante el día, una columna de fuego que los iluminaba y les permitía un clima adecuado ante el penetrante frío de la noche. Por si eso fuera poco, el Señor les reitera en Deuteronomio 8:4 que «durante esos cuarenta años no se te gastó la ropa que llevabas puesta, ni se te hincharon los pies». Todo esto nos habla de que Dios se encarga de suplir nuestras necesidades a pesar de que el paisaje solo pinte escasez.

APLICACIÓN

De la experiencia de peregrinación que Israel tuvo en el desierto durante cuatro décadas los israelitas aprendieron muchas lecciones acerca del carácter y el propósito de Dios. El Señor que los liberó con brazo fuerte de las garras de sus verdugos era el mismo que los sostuvo con fidelidad y los protegió del tiempo hostil en el desierto. Siglos después, cuando el salmista Asaf recordó el propósito benévolo de Dios en el desierto, escribió lo siguiente en el Salmo 78:52–53: «A su pueblo lo guió como a un rebaño; los llevó por el desierto, como a ovejas, infundiéndoles confianza para que no temieran. Pero a sus enemigos se los tragó el mar». ¿Reconoce usted la fidelidad del Señor en medio de sus crisis? ¿Es Dios su única esperanza en tiempos de aflicción?

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