En mi recién publicado «Manual del supervisor», hablo sobre la tarea de hacer discípulos: Como supervisor debes contribuir a formar el carácter de Cristo en tus discípulos no solo por lo que les enseñas, sino también por lo que encarnas.
Los evangelios unen dos relatos que nos sientan ante dos mesas. La primera pertenece a Herodes; la segunda, a Jesús. No se trata solamente de dos comidas, sino de dos maneras de entender la autoridad, la sociedad y el valor de la vida humana.
De mi nuevo libro «El Manual del supervisor» extraigo las siguientes reflexiones: Como supervisor o supervisora debes interesarte honestamente por tus líderes: cómo están espiritualmente, cómo están sus familias, cómo se sienten de salud, qué luchas tienen, qué cargas llevan, cuáles son sus peticiones de oración.