Juan el Bautista irrumpió en el escenario de su tiempo con una predicación vigorosa, capaz de estremecer las conciencias y sacudir la indiferencia de quienes lo escuchaban.
Cuando los miembros de una célula han convivido semanalmente por varios meses, desarrollan un afecto y una pertenencia mutua.
Juan el Bautista fue enviado como precursor del Salvador, para preparar al pueblo y disponerlo a recibirlo. Como heraldo de Cristo, su espiritualidad no estuvo desconectada de la realidad. Su proclamación de la soberanía de Dios cuestionaba a quienes gobernaban mediante el abuso, la propaganda y la violencia.