Durante años, las iglesias evangélicas se han empeñado en alcanzar a los miembros de pandillas aprovechando la única puerta que, por ahora, permanece abierta para su salida pacífica: la conversión al Evangelio.
Los primeros cristianos realizaban sus cultos y ceremonias en las casas. La liturgia cristiana estaba muy ligada a la vida doméstica y, eso, podía conducir a malos entendidos.