El diálogo, de lo coyuntural a lo estratégico

La historia de nuestro país ha demostrado que el diálogo es la alternativa inteligente cuando las posiciones enfrentadas afectan el bienestar de la población. La actual confrontación partidaria ha llevado a que temas importantes como la reforma fiscal, el sistema de pensiones, las elecciones de segundo grado de funcionarios y otros no sean tratados con la visión de futuro que ameritan. Para poder darle viabilidad al país se necesita lograr acuerdos de Estado que solamente son posibles por medio del diálogo y la negociación.
Los acuerdos son posibles cuando de las posiciones las personas se mueven hacia los intereses. Las posiciones se vuelven puntos de honor al extremo que pueden traicionar los mismos intereses que los originaron.

Después de la caída de Saddam Hussein en Irak, un grupo de agricultores desplazados rentó tierras arables de propiedad gubernamental y usó sus últimos ahorros y préstamos para sembrar granos. Pero apenas unas semanas después, recibieron una carta donde se les ordenaba salir de esas tierras de acuerdo con la letra pequeña de sus contratos porque se había descubierto petróleo en el subsuelo. La compañía petrolera les ordenó salir, pero los agricultores respondieron que esa era su tierra y que no se irían. La petrolera les amenazó con llamar a la policía. Pero los agricultores respondieron que ellos eran más que la policía. La petrolera entonces les amenazó con llamar al ejército, pero los agricultores, sin arredrarse, respondieron que ellos también tenían armas y que no se irían, pues no tenían nada que perder. El ejército rodeó las tierras y todo estaba a punto de un derramamiento de sangre.

Afortunadamente, a última hora, intervino un oficial capacitado en diálogo y negociación. Primero preguntó a la petrolera cuánto tiempo les tomaría comenzar a extraer el petróleo de esa tierra, a lo que respondieron que aproximadamente tres años. Lo que harían en ese tiempo era realizar estudios de las capas subterráneas para elaborar un mapa. Después fue donde los agricultores y les preguntó cuál era su problema para desalojar la tierra; ellos respondieron que la cosecha era en seis semanas y que eso representaba todo lo que ellos tenían. Aclarados los intereses se llegó a un acuerdo por el que se permitió a los agricultores recoger su cosecha sin problemas al tiempo que no impedirían a la petrolera sus actividades de investigación. De hecho, los agricultores no solamente levantaron su cosecha sino que la compañía contrató a varios de ellos para las labores de construcción en tanto que a otros les permitió continuar sembrando entre las torres petroleras.

Este caso ilustra cómo cuando las partes dejan de enfocarse en las posiciones para centrarse en los intereses se puede alcanzar un acuerdo sabio, eficiente y que puede mejorar las relaciones entre las partes. Cuando un acuerdo así se logra, se ha elaborado lo que puede calificarse como un convenio justo. Es en esa dirección que los esfuerzos deben encaminarse en la discusión de nuestros temas de nación. Para ello, el Secretario General de la ONU ha empeñado su interés y su esfuerzo a través del Departamento de Asuntos Políticos. No obstante, su papel es solo de facilitador. Es a los salvadoreños a quienes nos corresponder dialogar. Ya lo hemos hecho antes, podemos hacerlo una vez más.