¿Era Jesús el Mesías prometido? Esa era la pregunta que Juan el Bautista y muchos otros se hacían. Juan envío en su nombre a algunos de sus discípulos para preguntarle directamente a Jesús.
En el mundo mesopotámico la hospitalidad era considerada un deber sagrado.
Jesús tenía una motivación bien definida. Desde el inicio de su servicio sabía lo que quería alcanzar. De acuerdo con el Evangelio de Lucas, poco antes de iniciar el anuncio de sus buenas nuevas, tomó el libro del profeta Isaías y buscó el lugar donde dice: