El rey de Babilonia tuvo otro sueño. Esta vez sí lo recordó, pero no encontró entre sus consejeros nadie que pudiera darle la interpretación.
Las iglesias no poseen una manera de asegurar que cada persona que ha creído ha recibido una enseñanza sobre los aspectos esenciales del cristianismo.
En su vida dedicada al compromiso político, el profeta Daniel interpretó el sueño olvidado del rey, lo que le valió su aceptación y aprecio.