Hay mucho que las familias cristianas pueden hacer para mitigar el cambio climático. Es cierto que las acciones individuales, por sí solas, difícilmente corregirán las tendencias globales ni neutralizarán el impacto de las grandes corporaciones industriales; sin embargo, sí contribuyen a crear conciencia colectiva y reducir emisiones.
En una vida acelerada escuchar se vuelve un lujo escaso. Cuando estamos apurados, nuestro cuerpo entra en modo de alerta. Nuestro instinto provoca una respiración más rápida, el corazón se acelera y la mente busca atajos.
No solo se trata de conocer las estadísticas, sino de ajustar y mejorar metodologías de trabajo para que la obra de Dios se siga expandiendo. Pastores y obreros firmes por la Gran Comisión.