En el Nuevo Testamento, la fe cristiana nunca aparece como un camino solitario, sino como una experiencia compartida en comunidad. Desde el inicio, Jesús no vivió ni anunció el Reino de Dios en aislamiento.
Hay mucho que las familias cristianas pueden hacer para mitigar el cambio climático. Es cierto que las acciones individuales, por sí solas, difícilmente corregirán las tendencias globales ni neutralizarán el impacto de las grandes corporaciones industriales; sin embargo, sí contribuyen a crear conciencia colectiva y reducir emisiones.
En una vida acelerada escuchar se vuelve un lujo escaso. Cuando estamos apurados, nuestro cuerpo entra en modo de alerta. Nuestro instinto provoca una respiración más rápida, el corazón se acelera y la mente busca atajos.