Lección de célula de adultos del 10 de octubre

Sábado 10 de Octubre de 2020

Honra a tu padre y a tu madre 

LECTURA: Éxodo 20:12 NVI

12 Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da el SEÑOR tu Dios. 

VERDAD CENTRAL: El cuidar de los padres envejecidos es la voluntad de Dios.

INTRODUCCIÓN

El versículo famoso del Antiguo Testamento que hoy se considera es uno de los llamados Diez Mandamientos. Junto con el mandamiento de descansar el día de reposo, este es el otro que es presentado en forma positiva. Es decir, todos los mandamientos comienzan con una negación: no tendrás dioses ajenos, no te inclinarás, no codiciarás, etc. Pero, en este mandamiento, se ordena una acción positiva: honra a tu padre y a tu madre. Los demás mandamientos le dicen al hombre lo que no debe hacer. Este mandamiento le dice lo que sí debe hacer. «Honra» no solo es un verbo positivo sino también un infinitivo, es decir, indica una acción continua en el tiempo. El honrar a padre y a madre no es algo que se deba hacer por un tiempo, sino que es una acción que debe realizarse de manera permanente.

CUERPO
1- Honrando a padre y a madre.
En la antigüedad, como hoy, la familia era la base de la sociedad. El mandamiento «Honra a tu padre y a tu madre» (v. 12), buscaba la manera de conservar la dignidad y la preservación de la familia. La palabra «honrar» se refiere no solo al respeto que se debe a los padres sino también al apoyo económico que deben recibir de sus hijos. Hay un momento cuando los padres deben proveer para el sustento de sus hijos pequeños. Luego, son los hijos los que tienen que proveer para las necesidades de sus padres imposibilitados de poder seguir ganando su sustento. Cuando se descuida este mandamiento, se derrumba la estructura social y hay una pérdida de valores. Porque el honrar a los padres es una expresión de agradecimiento y respeto por los esfuerzos y sacrificios que hicieron cuando sus hijos estaban pequeños. Si se pierde el reconocimiento y la gratitud, se pierde un elemento esencial para vivir bien en sociedad. También es importante notar que el mandamiento da igual valor al padre como a la madre. Las otras culturas que rodeaban a Israel en esa época no reconocían los derechos femeninos. Pero, Dios rompe con esa costumbre y coloca a la madre al mismo nivel del padre y pide que se le de igual honra. Después de todo, es la mujer quien carga con el embarazo, el alumbramiento, el amamantar y muchos otros cuidados de los hijos. De esa manera, se aseguraba que las personas envejecidas tuvieran seguridad de que no serían olvidadas. Este mandamiento es la expresión de la voluntad de Dios y da a conocer su deseo. Todo aquel que teme a Dios, debe enfocarse en hacer planes para cuidar y honrar a su padre y a su madre.

2- Un mandamiento que lleva una promesa.

A este mandamiento la Escritura le llama el primer mandamiento con promesa (Efesios 6:2). Esto es así porque de los Diez Mandamientos, este, es el único que es acompañado de una promesa: «…para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da el SEÑOR tu Dios» (v. 12). La recompensa para quienes cumplen el mandamiento es que tendrán una larga vida. Sus años no serán cortos, sino que llegarán a una edad avanzada. Un deseo muy frecuente entre las personas es el de vivir una larga vida con salud. Nadie en su sano juicio piensa en una vida corta, todos desean llegar a una vejez avanzada para poder ver a sus nietos crecer. Esa recompensa Dios la otorga a quienes cumplen su voluntad de honrar a padre y a madre. Por eso fue que el Señor Jesús se molestó tanto con los religiosos de su época, que autorizaban a las personas a descuidar a sus padres con el fin de que todo su dinero lo dieran en ofrenda a Dios (Marcos 7:9-13). Era un absurdo, porque no se puede agradar a Dios yendo en contra de lo que él ha pedido en su palabra, ni siquiera bajo la excusa de una consagración total a él. La verdadera consagración consiste en honrar a padre y a madre como Dios lo ha mandado y, así, se alcanzará la promesa de recibir una larga vida.

APLICACIÓN

El deseo de Dios es que los padres no queden desamparados cuando lleguen a su vejez. La responsabilidad de que no sea así le corresponde a los hijos. Por ello, les ordena que les honren. Un día ellos también envejecerán y llegará el momento de cosechar lo que sembraron. Si se hizo misericordia, recibirán misericordia y vivirán una larga vida. Si no se hizo misericordia, tampoco recibirán misericordia y su vida se acortará. Para cumplir con la voluntad de Dios, las personas deben reservar en su presupuesto la parte que le corresponde a sus padres. Cada uno debe planear su vida sabiendo que esa responsabilidad es ineludible. Se trata de un acto de desprendimiento a favor de quienes, en su momento, también se desprendieron de lo suyo para que nuestra infancia fuese segura. El desprendimiento se produce en el momento cuando vencemos al egoísmo. En el momento de creer en Jesús nuestro yo muere y, así, es sencillo velar por los padres.

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