Dietrich Bonhoeffer era 19 años menor que Karl Barth. Nació en la ciudad de Breslau, en una familia altamente educada que se definía como cristiana, pero de manera meramente nominal.
El pueblo de Dios dispuso su corazón para disfrutar de la presencia del Espíritu Santo. Niños y adultos alabaron al Señor, disfrutaron de su palabra y de los momentos de búsqueda a través de la oración.
En un mundo donde las cosas se miden por los logros, la visibilidad y los resultados, el evangelio nos devuelve al verdadero centro: Dios mismo. El fin último del esfuerzo cristiano no puede ser la aprobación, el éxito y ni siquiera «el avance del ministerio». El fin más alto debe ser la gloria de Dios.