Nadie se salva solo
Las reuniones en las casas son atractivas porque en ellas la fe vuelve a tener rostro, calor y nombre propio. En una casa, cada persona es vista y escuchada. No hay multitudes que diluyan la identidad; hay miradas que reconocen y abrazos que sanan.
LA FE SE HACE VISIBLE EN LA COMUNIDAD
«Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común» (Hechos 2:44). Con estas palabras, las Escrituras relatan el nacimiento de la iglesia cristiana.
La comunidad: Testimonio de vida
En el Nuevo Testamento, la fe cristiana nunca aparece como un camino solitario, sino como una experiencia compartida en comunidad. Desde el inicio, Jesús no vivió ni anunció el Reino de Dios en aislamiento.
La prisa, obstáculo para la escucha
En una vida acelerada escuchar se vuelve un lujo escaso. Cuando estamos apurados, nuestro cuerpo entra en modo de alerta. Nuestro instinto provoca una respiración más rápida, el corazón se acelera y la mente busca atajos.












